Un lado, quizás, demasiado bueno
David O. Russell (2012)Hollywood está necesitado de incluir en su palmarés alguna pequeña historia que escape de las superproducciones y los megaformatos, una historia sencilla y corriente como las clásicas de antes, que cautiven al espectador. No es de extrañar por ello la lluvia de nominaciones que ha caído sobre este film barato y simplista pero eso sí, infaliblemente americano.
Si la comedia romántica tenía agotado su filón de amor entre personas "normales" ¿porqué no acudir al amor entre personas que lo sean menos, digamos, con algún grado de trastorno? Pat (Bradley Cooper) ha sido dado de alta precipitadamente en un psiquiátrico, Tiffany (Jennifer Lawrence) no está muy cuerda que digamos tras su fallido matrimonio y posteriormente su excesiva y alegre vida sexual. El encuentro entre ambos, extraño y forzado, es -sin embargo- requisito para que comience la historia con final feliz porque así lo narra el guión original y porque así lo pide el público, pero todo un polvorín visto desde una perspectiva real. Pat es un manojo de buenas intenciones sin fondo, Tiffany busca ardientemente luz al final del túnel en el que se ha metido, el premio de ambos: comer perdices.
La vida real es mucho más complicada y nadie puede evadir sus responsabilidades ni fundir sus problemas entre los sudores de un concurso de baile. En ambas familias, clase media americana, nadie trabaja pero tampoco parece sufrir los auténticos rigores del paro.
Sí, sí, si, que todo el mundo tiene derecho a la vida y al amor pero con tanta benevolencia se hace flaco servicio al esfuerzo, a la constancia y al trabajo. Aunque el final es más que previsible, si la película tuviera una segunda parte, por la buena relación de la pareja no apostaría un céntimo.
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